miércoles, 9 de abril de 2014

EL CANTO DEL GORRIÓN

 Nos han hecho creer, en el mundo humano, razonable y  consecuentemente  peligroso, que debemos estar aferrados a cosas materiales o a personas para ser felices. Nos dijeron que poseer aquello que queremos va a hacernos mas felices, quizás por esta razón es que creemos que la felicidad es momentánea.
 Lo material es condicionado, nos ocasiona felicidad hasta que satisfacemos esa necesidad de tenerlo. Forma parte de nuestra mente, de lo mundano, pero no de nuestro espíritu.


La felicidad no debe depender de la satisfacción de deseos. Nos han pintado un camino falso.

¿Que manera de amar es aquella cuando poseemos?
La vida es difícil,  hasta para aquel que la tiene solucionada desde el bolsillo, pero ¿tanto miedo le tenemos que nos aferramos a las persona por miedo a quedarnos solos? ¿Tanto nos ha intervenido el sistema, la cultura, la mentira, la religión?

Nos han arrancado de cuajo nuestra libertad y lo hemos permitido… Nos han usurpado la posibilidad de elegir.
 Amamos en función de lo estético, de “lo que tenga para darme”. Estamos acostumbrados a negar nuestros errores, quizás porque nos atormenta la culpa o porque somos obstinados. Iniciamos relaciones teniendo malas intenciones, juzgamos a las personas repulsivamente con solo verlas.

 Intentemos observar nuestras actitudes de egoísmo hacia los demás…
 Tomemos con responsabilidad nuestras acciones y sus consecuencias…
¿Donde dejamos la piedad, la bondad, la facilidad de ponernos en el lugar del otro, la honestidad, el amor incondicional? Están ocultos dentro de la niebla interna.

El sistema cultural y los dogmas nos han convertido en personas competitivas, malhumoradas, envidiosas, egoístas, dependientes de otras personas y de lo material.
 Pensamos que debemos hacer tal cosa porque se me va a retribuir. Mentalidad de relaciones de fuerza, diría Marx. Una realidad palpable en la vorágine diaria y lamentablemente ya encarnada en el ser. Destrozador de la bondad espiritual y natural que tenemos, naturaleza espiritual bondadosa, obnubilado por el materialismo. Humanismo cero, conexión con uno mismo bajo cero.

 Reaccionemos, demos, ayudemos sin esperar nada a cambio. Sepamos recibir, pues si nos negamos, acaso por un brote crónico de orgullo, pues no vamos a tener la posibilidad de permitir que esa persona que nos regala su amor con su intensión, también nos pueda expresar su afecto, bondad y su divina voluntad de dar. Es equivalente a un cierre hermético del espíritu. Si no nos abrimos a recibir sin ningún interés material, solo valorando el gesto y la carga emocional que este lleva, la solidaridad no existiría.

La dependencia amorosa, raíz de peleas, pérdidas de amor genuino, nos provoca sufrimiento al querer de manera posesiva. “No soy nadie sin vos”, “Te necesito”, ¡que poca estima y que miedo a nosotros mismos! Empecemos a disfrutar de nuestra soledad. Solo así el amor genuino y sincero aparece.
 ¿Podemos atar a esa persona a la que amamos? ¿Podemos obligarla a estar con nosotros si no quiere? ¿Porqué no vamos a ser alguien sin una persona?, si podemos ser junto a ella. Podemos compartir junto a ella retazos de vida, o la vida entera, pero jamás limitarla, jamás obligarla, jamás cortarle sus alas, por más que el egoísmo y la posesión nos pasen factura.
Somos libres, como la naturaleza, somos parte de ella, por eso tenemos sus cualidades. ¿Podemos limitar el crecimiento de una flor? ¿Podemos detener la lluvia con las manos?, ¿Podemos apagar el zonda a nuestra conveniencia?, ¿Cortarle las alas a un Alcon para que ya no vuele más?, ¿Podemos elegir el color de las rosas? Pero si les cortamos las alas a un pájaro, sabemos que lo prohibimos de su vuelo y si domamos a un caballo lo privamos de su ser salvaje natural, y lo adaptamos y armamos a nuestra conveniencia. ¿Porque?, ¿Para que?  Solo por una cuestión de posesión y egoísmo mental. Entonces así como no podemos hacer callar a un gorrión, vivamos nosotros, tal cual somos en esencia, sin poseer, ni adquirir personas a nuestro antojo. Nosotros somos como ese canto libre del gorrión.
No permitamos que nos programen un objetivo a nuestra vida, pues que nos dejen descubrir para que hemos venido, porqué estamos encarnados en este cuerpo que hoy nos toca. Encontremos valores propios no contaminados y comunes, basados en la libertad de expresión, de acción y de pensamiento que naturalmente nos merecemos. Seamos libres con amor, no poseamos, no limitemos, no nos aferremos.
No  callemos al gorrión...disfrutemos de su canto.

Ana Carolina Cereda Licencia Creative Commons
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