jueves, 18 de diciembre de 2014

R-Evolución

Me gusta cerrar las ventanas antes de ir a dormir, después de un día cargado que pesa en los párpados. Por la mañana abrirlas y dejarme traspasar por los rayos de luz, trasladarme a mi interior con el sonido de los pájaros y el aire entre las hojas. Después abandonarme a la vida, en una suerte de aceptación de aquellas cosas estáticas, impuestas desde algún lado, y que no se porqué, pero no pueden cambiarse.

Todos sufrimos de una u otra forma. ¿Cuál seria el sentido si no tuviésemos una mente que manejar, que se nos va de las manos y se derrama en miedos, inseguridades y apego a lo material, que sucumbe a lo condicionado, genera ego, ira, tristeza y sufrimiento, y en consecuencia, nos une al consumo indiscriminado? ¡Como si no hubiese otro camino para ser felices! Asemejamos  felicidad con dinero.
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Vivimos en la oscilación, luchando, también por conseguir posiciones sociales, en las que, en una de esas, tengamos la posibilidad de ser valorados y respetados.

En la experiencia humana, hay grandes e inexplicables dualidades, preguntas sin respuestas, confusión, incertidumbre… Pero también existe en ella, escondida tras la niebla, una gran oportunidad para crecer espiritualmente y para aprender de las experiencias humanas en general.

La vida no es para caminarla a ciegas, como quien ignora  la belleza del mar, siendo parte de él. Cuestionarnos, dudar de todo, es la salida de la bruma que respiramos cada día.

Es un error creer que somos este cuerpo con mente, es un error creer que lo material nos surtirá felicidad. Esta fórmula no sirve, la inventaron para mantenernos prendidos al consumo, al modelo, a través del cual el mundo se mueve. Somos excelentes soldados del sistema: Buenos, cumplidores, obedientes, a tal punto de cotidianizar situaciones como el hecho de pasar por una iglesia en el colectivo y persignarnos al unísono. Arrastramos cualidades de ejército. Nos manejan desde arriba y no nos damos cuenta, dejamos que nos manipulen la opinión. Somos soldados del poder.

¿No es acaso, la felicidad lo único que buscamos, sedientos aquí y allá? ¿No es la razón de nuestro movimiento constante? ¿No sufrimos cuando nos alejamos de ella? ¿Acaso, no vivimos para encontrarla?

La felicidad es la abstracción más pura y tranquilizadora que podemos experimentar.
Hacer lo que nos hace bien, y lo mejor de todo: amarnos, dentro de la nebulosa, es disiparla. No sentirnos obligados a cumplir con el deber, con el prototipo. Hacer cumplir nuestro derecho irrefutable a la libertad multidireccional es el comienzo. No dejemos derramar nuestro derecho a ser libres, ni dejemos caer una sola gota de la libertad de nuestras manos, es lo único que nos pertenece. No cuesta buscarla y sin embargo es un camino directo a la felicidad.

Somos infelices porque estamos sometidos a un sistema que nos impone opiniones, formas de vivir, religiones, cultura y no nos permite elegir nuestra propia forma de labrarnos la vida y nos esconde detrás  de la niebla nuestro derecho principal a la libertad. La niebla es el sistema que nos dieron como única forma de vivir. Pero sepamos que existen otras posibilidades menos nocivas.


 Negarse al sistema preestablecido, es evolucionar y revolucionar los ideales viejos, es sobrepasarle a la mentira, despertar del sueño sometido. Evolucionar es estar enterados de la libertad que nos corresponde y hacer respetar nuestra posibilidad de ser felices sin que nadie nos diga como.

Quizás el mundo este esperando ser interpretado de otra forma…


                                                                       Ana Carolina Cereda
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