domingo, 11 de enero de 2015

Las Garras del león

Material onírico borroso, como fotografía con humedad…

¿Que es el Ego? Le pregunté al maestro. – “Es la razón de la existencia humana”, me respondió, oscilando entre sonrisas y paz interna.

Para entonces mi propio concepto del ego, era precario y sufrió inmediatamente un colapso después de su respuesta.

Jamás olvide esa frase, porque fue el inicio de las respuestas a mis interrogantes más profundos acerca de la existencia humana. Tardé tres años en entender que, más allá de todo, el ego es el causante de mi existencia y la tuya, pues yo estaba sumergida en el samsara, aquel mar de confusión, previa educación conservadora.

Su respuesta me abrió la puerta hacia un mundo interno y desconocido, donde la verdad esperaba ser tomada y digerida. La veracidad estaba allí, justo detrás del ego y de las emociones negativas que nos genera una mente agitada.

El Ego maneja nuestras vidas, tomando una posición que no le pertenece, Nos transforma en seres toscos, ácidos y fríos.
Asechamos expectantes recibir adulaciones y reconocimiento. Al localizarlas, saltamos sosegados, como un León que espera sigiloso a su presa para alimentarse de ella…

El ego nos distancia, nos hace gritar para entendernos, no nos permite escuchar lo que las personas tienen para decirnos, porque queremos ser escuchados nosotros primero. Esquivamos, quizás también por miedo, opiniones diferentes y no aceptamos críticas. Ignoramos cosas de gran importancia: como la comunicación sin las palabras, el amor sincero y sin velos, la complicidad, el lenguaje de las almas. Desconocemos como se siente el otro, ni siquiera nos interesa…
Nos convertimos en seres egocéntricos y egoístas…Admitámoslo, nos hacemos daño entre nosotros, el ego en exceso nos lastima como las filosas garras del león a su presa.


La mente baja se apodera de nosotros y toma así, la posición que no le corresponde. Nosotros no somos la mente, ni siquiera el cuerpo que creemos ser o tener…La mente nos interviene porque forma parte del cuerpo humano en el que habitamos ahora, confundiéndonos, y nosotros estamos ahí, dentro del cuerpo, detrás de los ojos, entre las palabras, y también en un silencio, en un beso, sin poder aquietar el mar embravecido, sin poder controlarlo se nos va de las manos en grandes olas y nos empapa.

Es imposible eliminar el ego, pero si podemos controlarlo. Es difícil ante tanta contaminación de los sentidos apaciguarlo, pero intentémoslo. Quizás ahí, encontremos más motivos para ser felices y descartar de una vez por todas, la violencia, la distancia, la incomprensión entre nosotros, y el acercamiento hacia otra persona por su apariencia física.

Podemos calmar el león del ego, para no hacernos daño.

Gran desafío para una sociedad enferma de avaricia y contaminada con mínimos papeles con valor dibujado, que se respetan más que una vida. Pero la existencia de una cura a la enfermedad, es una esperanza inmortal.

Es posible apaciguar el ego y poder entendernos al mirarnos a los ojos y poder ser solidarios con el otro, situar sus virtudes, y ver los defectos como sus posibles aprendizajes.


Abrí los ojos. Un rayo se sol me atravesó el iris, y mi brazo dolorido sangraba los rasguños de un León…


  Ana Carolina Cereda
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