sábado, 14 de marzo de 2015

Transiciones

El mundo es una mutación constante, el tiempo transcurre y da lugar a los cambios (en forma de experiencia), que nos transforman. Alteración que nos renueva el camino, y que a su vez, cambia lo ya transformado en un cambio viejo, que con el tiempo necesitara otro, y ese, otro; y el otro, otro…

La naturaleza se transforma y nosotros formamos parte de ella: de capullo a flor, de flor a fruto, de oruga a mariposa, de huevo a ave o cocodrilo.

Lo material también sufre transiciones: los libros se ajean, las fotos se destiñen, la tinta se acaba, las hojas se ponen amarillas, el hielo se derrite y el agua se evapora, la tierra gira, el día se hace noche, la noche día. Los grillos cantan, cada canto nuevo va quedando en el pasado y vuelven a renovarse, aunque la vida nos parezca estática por las noches y movediza por las mañanas, (por cuestiones de acostumbramiento impuesto o por simple ignorancia).

Los humanos mutamos desde dos aspectos: Física o Exterior y Emocional o Interna. Y a su vez transformamos el mundo externo.
Nos mudamos de ropa, cambiamos de lugar las plantas, nos comemos los frutos, los recuerdos se hacen inconscientes, los libros nos aportan conocimiento. Las células se regeneran, los niños crecen y se hacen adultos. Morimos y volemos a nacer…

Es el cambio sinónimo de enriquecimiento y sufrimiento.
Las experiencias nos fortalecen y evolucionamos con ellas, así pulimos el alma.
Hoy somos distintos de ayer, y mañana seremos distintos de hoy. Presente que se transformara en recuerdos. Contenidos hipotéticos futuros, que se transforma en presente. Movimiento que va dando forma al correr de las horas, de la vida, de la historia…

Hablo de la metamorfosis de Kafka, del “to change” de los angloparlantes, del cambalache de Dicepolo, de la condicionalidad de los Budistas, del sufrimiento de los encarnados en cuerpos humanos…

Aquello que llamamos transición, es también transformación y cambio; metamorfosis y transmutación; renovación y conversión; evolución y sufrimiento; y a veces felicidad.

El amor y la alegría son las mismas siempre, ellos están ahí intactas para ser tomadas. Parece que varían, porque nosotros nos vemos interrumpidos por la oscilación, entre el pasado, que nos hace sufrir; y el futuro, que nos llena de ansiedad. Nos invade el accionar bajo y común: la ira, el despecho, el odio, el resentimiento, y nos desvían de ellas. La transformación, también es una decisión.


 Pero… ¿Por qué todo se transfigura? O como dice Drexler: “todo se transforma.”

 La permanencia de las cosas no tendría sentido alguno: la vida no seria vida, la flor no llegaría a ser nunca y nosotros seriamos siempre los mismos o no seríamos.
Las transformaciones dan el sentido a la existencia y entretejen el paso del tiempo. Hay existencia porque hay renovación.

¿Cuál sería el sentido de vivir en un cuerpo que no envejece con los años?
Aunque queremos el verano en el invierno y el invierno en el verano, nada tendría sentido sin la metamorfosis. Queremos perfección, pero encontramos transformación.
¿Que sentido tendría que un amor se exiliara de nosotros, si no es para darnos cuenta que lo amábamos más de lo que creíamos o que simplemente no lo amábamos?

 Las mutaciones implican sufrimiento, (Por apego o por resistencia a los cambios), acostumbramiento, y éste, evolución (Interna y Externa).
Algunos cambios, nos molestan, otros nos hacen felices.

Vivimos para sufrir, sufrimos para cambiar, cambiamos para evolucionar y evolucionamos para no volver al mundo en el que las constantes renovaciones son inherentes al correr del Universo.

Ana Carolina Cereda

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